Propuesta de modelos para gestionar un sistema de transporte a la demanda. Estudios preliminares para la adecuación de la infraestructura existente.
Auditoría de accesibilidad de diez paradas de autobús y proyecto de adecuación de cuatro de ellas en municipios rurales de Extremadura. Trabajo desarrollado dentro de la Acción A.2.2 «Actuaciones de Movilidad Sostenible Transfronteriza» del proyecto Interreg POCTEP 0198_TRANSCOM_EUROACE_4_E, con asesoramiento de la OTAEX (Oficina Técnica de Accesibilidad de Extremadura) que gestiona APAMEX.
El trabajo arranca con una auditoría de accesibilidad sobre diez paradas de autobús distribuidas entre las dos provincias extremeñas y, a partir de sus resultados, desarrolla el proyecto de adecuación de cuatro de ellas: Salvatierra de los Barros, Villar del Rey, Aldeanueva de la Vera y Cadalso. La actuación es un piloto, ya finalizado, desarrollado en el marco del Proyecto TRANSCOM EUROACE. Programa Interreg VI-A España–Portugal (POCTEP) 2021–2027, cofinanciado al 75 % por la cooperación transfronteriza España–Portugal y al 25 % por la Comunidad Autónoma de Extremadura, en una región que comparte más de trescientos kilómetros de frontera con Portugal.
En estos pueblos, el autobús es a menudo el único vínculo con los servicios que el propio municipio no presta: el centro de salud de la cabecera de comarca, el hospital de referencia, la oficina del INSS, el instituto, el supermercado de mayor tamaño. Subirse al autobús, sin embargo, no es igual de fácil para todo el mundo. Una marquesina mal colocada, un bordillo demasiado alto, una franja de pavimento sin contraste, una señal sin braille; cada uno de esos detalles, por separado, parece menor. Juntos, levantan una barrera invisible entre el vecino y el resto del territorio.
En la Extremadura rural, esta barrera tiene un sesgo demográfico claro. Según los datos del Instituto Nacional de Estadística, en 2024 el 21,84 % de la población extremeña tiene 65 o más años —algo más de 230.000 personas sobre poco más de un millón— y la proporción crece cuanto menor es el municipio. En Salvatierra de los Barros, por ejemplo, los mayores de 60 años rozan ya el 30 % del padrón.
Adaptar la parada no es, por tanto, un gesto de mobiliario urbano. Es una decisión de equidad territorial: reconocer que el derecho a moverse no termina en la capital de provincia.
Fuentes: INE, Padrón Municipal 2024; Junta de Extremadura, Censo de Población 2024.
Antes de proyectar nada se realizó una auditoría sistemática de accesibilidad sobre diez paradas candidatas distribuidas a partes iguales entre las dos provincias extremeñas. Cada parada se evaluó con una matriz de diez ítems —desde el itinerario peatonal hasta la señalización táctil— y para cada ítem se anotó si la parada cumplía, incumplía parcialmente o incumplía. El resultado se sintetizó en un índice de severidad y una prioridad asignada (Alta, Media, Baja).
Las cuatro paradas finalmente seleccionadas no son simplemente las cuatro de mayor severidad. Tres paradas —Salvatierra de los Barros, Villar del Rey y Villanueva de la Vera— empatan en la cabeza del ranking con un índice de 2,33. La selección priorizó dos criterios adicionales: equilibrio provincial (dos paradas en cada provincia) y diversidad tipológica de barrera (que el prototipo se enfrentara a problemas distintos, no a cuatro versiones del mismo problema).
Cada una de las cuatro elegidas representa, así, una clase distinta de barrera. Salvatierra y Villar del Rey resuelven el caso más frecuente —un resalto significativo en el embarque— pero en geometrías distintas. Cadalso plantea un caso radicalmente complejo, con un desnivel total que supera los 40 cm: no admite quick win. Aldeanueva, finalmente, no presenta un escalón sino un problema de transición urbana: la parada se sitúa en una esquina, en borde de calzada, sin zona de embarque definida. El prototipo debe responder a las cuatro situaciones con una misma gramática.
Sobre las cuatro paradas seleccionadas en el diagnóstico se desarrolla el proyecto, en el marco del Proyecto TRANSCOM EUROACE (Programa Interreg VI-A España–Portugal, POCTEP 2021–2027). La intervención adapta cada parada existente aplicando un mismo conjunto de criterios técnicos: un itinerario peatonal libre y continuo, una plataforma de embarque con pendientes controladas, un mobiliario con asiento y apoyo isquiático a alturas accesibles, un pavimento de botones con contraste cromático que advierte del borde de la calzada, y una señalética con tipografía grande, código QR, braille y altorrelieve.
Se ha optado por aplicar un mismo estándar en las cuatro paradas, en lugar de proyectar cada una con un lenguaje propio. Repetir el mismo kit ayuda a que el usuario reconozca la parada de un pueblo como pariente cercana de la del pueblo de al lado, y simplifica futuras réplicas en otros puntos de la red.
Una parada accesible es un sistema, no un mueble. Cada uno de sus componentes resuelve un problema concreto de uso —ver, oír, esperar, sentarse, embarcar— para una persona con un perfil concreto. La figura inferior identifica los seis elementos que estructuran cualquier parada del proyecto. Pasa el cursor sobre cada número para leer la nota.
Los criterios técnicos pueden parecer áridos —pendientes en porcentaje, alturas en centímetros, anchuras mínimas— pero cada uno responde a una situación de uso muy concreta. Lo que para un proyectista es una cifra, para una persona mayor con bastón es la diferencia entre poder usar la parada o renunciar al viaje.
A continuación se enuncian los siete criterios del proyecto traducidos al uso cotidiano.
Cualquier persona puede cruzarse con otra sin tener que bajarse de la acera. Un padre con un carrito de bebé y una persona usuaria de silla de ruedas pueden pasar a la vez.
La plataforma de espera no supera el 2 % en ninguna dirección —ni longitudinal ni transversal—. Solo los itinerarios que salvan desniveles puntuales se desarrollan con pendiente de hasta el 6 %, salvable de forma autónoma con silla de ruedas o andador.
Asiento entre 40 y 45 cm. Sentarse y levantarse no debería ser un esfuerzo, especialmente para personas mayores.
Una barra a media altura para apoyarse de pie cuando sentarse del todo cuesta más esfuerzo que esperar erguido.
Una franja de pavimento de botones avisa con el pie y con el bastón blanco de que aquí termina la acera y empieza la calzada.
La información de la parada se puede leer con la mano, no solo con la vista. Tipografía grande, braille y código QR conviven en la misma pieza.
En los puntos donde la franja de acanaladuras cambia de dirección, la transición se resuelve con una pieza intermedia de botones —que el bastón blanco identifica al paso— o con piezas de acanaladura cortadas en inglete. Criterio recogido a efectos de proyecto; no se aplica en estas cuatro paradas, donde no se incorpora pavimento de canalización direccional.
La marquesina se resuelve con una estructura metálica ligera —pilares tubulares de 100·100·1 sobre zapatas de hormigón armado de 30 cm— y dos paneles de cerramiento que la dotan de carácter: uno macizo, de fábrica de ladrillo enfoscado, y otro permeable, formado por una celosía de ladrillo de barro macizo dispuesta en patrón triangular. Esa celosía es el rasgo más reconocible del prototipo y, a la vez, su decisión más territorial.
Salvatierra de los Barros es uno de los pueblos alfareros más importantes de la Península: su tradición de cántaros y vasijas de barro rojo hunde sus raíces en la Edad Media. Trasladar ese mismo barro a la parada de autobús —con la misma matriz cromática, la misma cocción, el mismo aparejo manual— no es un gesto decorativo. Es una manera de declarar que la pieza pertenece al lugar antes de pertenecer al catálogo.
El mismo lenguaje material se replica en las otras tres paradas. La celosía cambia ligeramente de orientación —en Villar del Rey ocupa el lado opuesto del banco, en Aldeanueva se ajusta a la geometría existente— pero la pieza es siempre reconocible como parte de la misma familia.
La señalética es a menudo lo primero —y a veces lo único— que un viajero ve de la parada. El proyecto adopta un mismo sistema gráfico para los cuatro municipios: jerarquía tipográfica clara, código identificador alfanumérico, listado de destinos, símbolo de accesibilidad, código QR con horarios y, en la zona inferior de cada cartel, una franja con el nombre de la parada y su lectura en braille y altorrelieve.
El cartel se sitúa siempre en el lateral más corto de la marquesina, junto a la zona libre PMR de Ø 1,50 m, para que pueda leerse —tanto en visión como con la mano— sin obstáculos de mobiliario ni de personas esperando. Y se duplica: una pieza por la cara exterior, otra por la cara interior.
La Orden TMA/851/2021 (página 16, sobre paradas de transporte) prescribe que la información del trayecto sea legible también por personas con discapacidad visual. Para cumplirlo, los carteles incorporarán un plano de la línea de transporte interurbano en altorrelieve, de manera que el usuario pueda recorrer con la mano la sucesión de paradas y orientarse sin necesidad de ver. Esta pieza se sumará a los carteles actuales en la fase de fabricación.
El prototipo no es un único objeto sino la respuesta común a cuatro emplazamientos distintos. Cada parada hereda los mismos elementos —cubierta inclinada, celosía cerámica, banco, apoyo isquiático, pavimento de botones, cartelería accesible— y se adapta a la geometría, las preexistencias y la barrera principal del lugar.
Las cuatro intervenciones se resumen a continuación con su alzado proyectado y la decisión específica del proyecto en cada caso.




El proyecto interviene en cuatro paradas. Su interés está, sin embargo, en lo que viene después: la red de transporte regional cuenta con cientos de puntos de embarque dispersos por todo el territorio extremeño, muchos de los cuales presentan barreras equivalentes a las de los cuatro casos aquí expuestos.
La elección de un mismo estándar técnico, un mismo lenguaje formal y una misma identidad gráfica responde precisamente a esa vocación de continuidad. Lo aprendido en estas cuatro intervenciones es replicable; lo replicable, escalable; lo escalable, transformador.
Convertir cada parada del territorio en un espacio público accesible y reconocible es, también, una manera de vertebrar Extremadura.
El compromiso con la accesibilidad universal no se mide en la calidad de cuatro paradas piloto. Se mide en la voluntad —técnica, presupuestaria, política— de extender ese mismo estándar a la próxima parada, y a la siguiente, y a la siguiente.